La aventura de Hidalgo de Cisneros

18 de marzo de 1937. Frente de Guadalajara.
Diez días después del inicio de la ofensiva del Corpo Truppe Volontarie (CTV) italiano hacia Guadalajara, la aviación republicana dominaba el cielo. Ignacio Hidalgo de Cisneros, jefe de las Fuerzas Aéreas de la República, decidió subir a su propio avión para ver con sus ojos la situación del campo de batalla y el caos en las líneas italianas tras el bombardeo de la mañana. Era una imprudencia: podía toparse con cazas enemigos.
Este es su propio relato de lo que ocurrió:
«Uno de esos días, cuando volvía en mi avión, cansado pero contento por cómo se habían portado nuestros pilotos, vi a mi derecha un caza Fiat con las insignias fascistas, y enseguida apareció otro a mi izquierda. Como se puede imaginar, me asusté muchísimo. Lo primero que sentí fue que había sido un estúpido: ¡qué fácil les había resultado atraparme! Hice lo único que podía hacer, un picado hasta casi rozar el suelo, pero los dos Fiat me siguieron y se pegaron a mí. Para mi sorpresa, no disparaban. Pensé que querían hacerme prisionero, pero de pronto uno de ellos me saludó con la mano y entonces comprendí lo que pasaba. Unos días antes, cinco Fiat que venían de Italia habían aterrizado por error en uno de nuestros aeródromos; dos consiguieron escapar, pero capturamos los otros tres. Aquellos dos aviones los estaban probando por orden mía, pero me había olvidado de ellos, y a los mecánicos se les había olvidado quitarles las insignias fascistas.»